Ser parte del Congreso Latinoamericano de Cuidados Paliativos realizado en Brasil fue mucho más que asistir a un evento académico. Fue una experiencia de encuentro, aprendizaje y construcción de lazos entre personas que compartimos una misma convicción: trabajar por una atención más humana y digna en nuestra región.
Desde el inicio, el congreso se sintió cercano y cálido. Más allá de las ponencias y actividades académicas, lo más valioso fue la posibilidad de conversar con colegas de distintos países, conocer sus experiencias, escuchar sus recorridos y también compartir la realidad que vivimos en Bolivia. En cada charla, ya sea en los espacios formales o en los encuentros espontáneos, se hacía evidente algo que nos une como latinoamericanos: los desafíos en cuidados paliativos son grandes, pero también lo es el compromiso humano de quienes cuidan.
Uno de los aspectos más enriquecedores fue la creación de vínculos con profesionales de diferentes países, así como el acercamiento a autoridades y referentes latinoamericanos en cuidados paliativos, quienes vienen impulsando el crecimiento y fortalecimiento de esta área en la región. Estos encuentros permitieron conocer distintas formas de trabajo, liderazgo y gestión, además de comprender más de cerca las dificultades y retos que todavía enfrentan nuestros sistemas de salud.
El congreso también abrió una ventana para conocer experiencias diversas en América Latina. Desde iniciativas comunitarias hasta modelos institucionales más consolidados, cada experiencia compartida dejó aprendizajes e inspiración para seguir fortaleciendo los cuidados paliativos desde nuestras propias realidades. Estos espacios ayudan no solo a ampliar la mirada, sino también a motivarnos a seguir construyendo respuestas más humanas, sostenibles y cercanas a nuestras comunidades.
Un momento especialmente significativo fue el encuentro de psicólogos paliativistas de toda la región, liderado por la Comisión de Psicología de la ALPC, espacio en el que Bolivia estuvo presente, reafirmando el importante aporte de la psicología en la construcción y fortalecimiento de los cuidados paliativos en Latinoamérica.
En este contexto, la participación de Bolivia tuvo un valor especial. Estar presentes en un espacio latinoamericano de esta magnitud no solo significó representar una experiencia local, sino también visibilizar una realidad que, pese a las limitaciones estructurales que todavía existen, continúa construyendo respuestas creativas, solidarias y profundamente humanas. Fue también una oportunidad para mostrar que Bolivia tiene mucho que aportar al desarrollo de los cuidados paliativos en la región.
Para Humanizar la Salud Bolivia, esta experiencia representa un paso importante en su camino institucional. Participar en este congreso fortalece su compromiso con la generación de espacios de reflexión, formación y acompañamiento para equipos de salud, además de seguir impulsando redes de apoyo y una cultura del cuidado más humana y cercana.
Asimismo, esta participación abre nuevas posibilidades de articulación con profesionales, equipos e instituciones de distintos países, algo fundamental para continuar desarrollando propuestas que respondan a los desafíos actuales de los cuidados paliativos. Los vínculos construidos en estos espacios no terminan con el evento; al contrario, se proyectan como futuras oportunidades de colaboración y trabajo conjunto.
La experiencia vivida en Brasil deja una huella profunda. No solo por los conocimientos adquiridos, sino también por los vínculos construidos, las miradas ampliadas y el renovado sentido del trabajo que se viene realizando en Bolivia.
Para Humanizar la Salud Bolivia, este paso reafirma el camino: seguir trabajando, junto a otros, por una cultura del cuidado centrada en la dignidad, el acompañamiento y la humanidad.



